De la mano del Capital Semilla de SERCOTEC dejó atrás años de trabajo en la Armada y en el mundo privado para ser parte de las 6 de cada 100 personas que comienza un emprendimiento luego de los 50 y de casi la mitad de emprendedores que inicia alguna actividad por autorrealización, según estudio del servicio.
De laurel, raulí, lenga, castaño, nogal y hasta mañío es posible encontrar jarras cerveceras en el taller de Jorge Ayala, emprendedor que en 2016 y a sus 59 años de edad se adjudicó el Capital Semilla de SERCOTEC, fondo que le permitió cumplir un sueño de pequeño: la fabricación de artilugios al estilo medieval.
“La gente me dice tu trabajo es envidiable”, reflexiona el artesano que dejó atrás años de trabajo como técnico electrónico en la Armada y en el mundo privado para ser una de las 6 de cada 100 personas de la región que comienza un emprendimiento entre los 50 y 59 años de edad, de acuerdo al Estudio de Perfil Emprendedor de Valparaíso que elaboró SERCOTEC en base a datos de 2015, cuando 164 emprendedores/as resultaron beneficiarios por los Capitales Abeja y Semilla.
Ayala relata que todo partió con la elaboración de una jarra para uso propio que poco a poco se ganó la aceptación entre quienes se fascinan con el mundo medieval, de ahí dedujo “si las puedo hacer, las puedo vender”. Así, negocios y pasión comienzan a entrelazarse en su historia y es que para el emprendedor su negocio también se relaciona con la autorrealización como para casi la mitad de los emprendedores de la región, de acuerdo al mismo análisis.
Según el documento el 44% de los emprendimientos en la región tiene como motivación alcanzar aspiraciones personales, al respecto Ayala declara «lo único que quería era hacer esto, desde que soy niño me ha gustado trabajar con madera (…) no me iba mal, pero luego uno se da cuenta qué feliz sería trabajando en esta cuestión de palitos todo el día y en eso estoy ahora».
Así también el estudio, que consideró un universo de 2.214 personas, las mismas que postularon a los capitales Semilla y Abeja en 2015, arroja que le sigue a la “autorrealización”, “lograr independencia y ser mi propio jefe” con un 24% y “mejorar mis actuales ingresos” que alcanza un 16%.
Pero años más, años menos y motivaciones varias, el emprendedor lo que destaca es el aporte SERCOTEC que se tradujo en capacitación, compra de maquinarias e insumos con los que pudo alivianar el trabajo y acortar los tiempos de producción, “cuando empecé a trabajar con ellas (maquinarias) se me acortaron los tiempos de producción. Me demoraba 5 días en hacer una y hoy me demoro dos días y medio”, asegura.
A comienzos de abril comenzó formalmente su empresa de jarras medievales de una y dos pinta (unidad de volumen inglesa), son las mismas que permiten el brindis a la antigua, “con el choque de vasos que deja cicatrices que tanto gustan», declara orgulloso.
Al poco andar de su proyecto reflexiona «sin el fondo me hubiese tenido que meter con un banco, pero si me prestan tres millones le tengo que devolver cinco y medio; en cambio si me adjudico un proyecto en que me financie todo y yo tenga que rendir cuentas honradamente y clarito, estoy feliz”.
Jorge Ayala, con su taller ubicado en Gómez Carreño, en Viña del Mar, es parte de la ciudad que junto a Valparaíso concentra la mayor cantidad de beneficiarios en los programas Semilla y Abeja. Según el Estudio de Perfil Emprendedor, de los 164 beneficiarios de 2015, un 22% corresponde a la ciudad jardín y un 33% a la ciudad puerto.
Más datos de Jorge Ayala
Taller La Taberna
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